La práctica del golf también puede causar lesiones

Tanto para quienes practican, como para quienes lo miran desde afuera, el golf es un deporte de bajo impacto, aunque se encuentra asociado a una considerable cantidad de lesiones, y estas son el producto de una mecánica corporal que no es eficiente, pero también de la sobrecarga, y ante ello la parte que se lesiona con mayor frecuencia es la región lumbar, a ella le siguen el codo, la muñeca y la mano, y los hombros.

Ajustando el swing

Cuando se habla del swing de golf este se trata de un movimiento que es bastante complejo y coordinado en donde se involucra todo el cuerpo. A través de una constante repetición de dicho movimiento, es posible que repercuta de manera considerable en los mismos músculos, tendones y articulaciones. Y, con el tiempo, llevarnos a una lesión.

Adoptar una correcta postura: lo recomendable es pararse con los pies separados, a la distancia del ancho de los hombros y con una ligera rotación hacia afuera, flexionando un poco las rodillas. Mantengamos la columna vertebral relativamente derecha y con el tronco inclinado hacia adelante; aunque la mayor parte del movimiento debe provenir de las caderas. Evitemos encorvarnos sobre la pelota, ya que podría tensar el cuello y la espalda.

El movimiento debe ser fluido: debemos estar conscientes de que la potencia del swing viene de una fuerza fluida transmitida hacia todos los grupos musculares, extendiéndose desde los tobillos, hasta las muñecas. Si dependieramos de una sola parte del cuerpo para potenciar el golpe, es posible que seamos más propensos a sufrir lesiones. Un ejemplo de ello puede ser hacer demasiado esfuerzo con las muñecas mientras se ejecuta el golpe, eso causaría una lesión que se conoce como «el codo de golfista», y esta ocurre cuando se tensan los músculos de la parte interna del antebrazo.

Los movimientos no deben ser exagerados: Si balanceamos el palo con gran intensidad o con mucha velocidad, podemos esforzar las articulaciones. En cambio, lo recomendable es relajarse y darle un golpe suave y fluido a la pelota. Podemos observar como los mejores golfistas cuentan con un ritmo que es bastante uniforme, aunque no necesariamente es rápido para ejecutar el swing.

Si buscamos minimizar el riesgo de sufrir lesiones que sean causadas por el golf, es importante considerar la posibilidad de tomar clases, ya que, lo que podamos aprender sobre el swing de golf puede ayudarnos incluso a reducir la cantidad de golpes del marcador.

Otros consejos para no perder de vista el objetivo

Realizar ejercicios de calentamiento. Justo antes de iniciar la práctica del swing o de jugar un partido de golf, se deben hacer ejercicios de calentamiento durante al menos 10 minutos, como por ejemplo una caminata a paso ligero o quizás una serie de saltos de tijera. 

Iniciar de forma lenta: la sugerencia es iniciar practicando el swing durante horas, con la idea firme de que servirá para el juego. 

Fortalecer los músculos: No se requiere de músculos voluminosos para lograr un drive largo; pero cuanto más fuertes sean estos, mayor puede ser la velocidad del palo. 

Debemos centrarnos en la flexibilidad: realizar de forma regular la elongación mejora la amplitud de movimiento y posibilita un swing más fluido.

Incrementar la resistencia: hacer de forma regular una actividad aeróbica nos brinda resistencia en el desempeño dentro del campo. Para ello intentemos caminar, trotar, andar en bicicleta o nadar.

Es recomendable tener cuidado al momento de levantar y llevar los palos: sobre todo si eres de los golfistas que se ocupan de transportar sus propios bolsos, existe la posibilidad de que sean más probables las lesiones en los hombros o la espalda, si lo comparamos con otros golfistas.